¡El mago sonrió! De su sombrero sacó un conejo con alas moradas que no paraba de reír. Ese conejo había recorrido el universo, el universo le había dado al conejo gran experiencia intergaláctica, la misma que utilizaba para brincar de planeta en planeta. El conejo llegó a conocer gran parte del universo, en el se cruzó con grandes personajes, algunos se hicieron grandes amigos, alguna vez en PERONINA (Planeta verde) Conoció a la dama Azul y desde que la miro a los ojos, el conejo quedó encantado, en ellos podía ver la eternidad en un instante,
Pasaron muchos años galácticos antes de que el conejo de alas moradas conociera a su compañera de viaje, una hermosa hada dorada, mas pequeña que el, de ella se decía que, de la luz de su sonrisa las estrellas se alimentaban, bastaba una sonrisa para iluminar el universo, la hada dorada estaba encantada con las alas del conejo, decidió acompañarlo por siempre.
Juntos vencieron todos los obstáculos, no había nada que no pudieran conquistar juntos, parecía que el universo había sido creado para ellos.
Muy pronto se extendió en el universo el rumor de la pareja, comenzaron las historias, unas llenas de fantasías, otras tan reales como esta historia, lo que era un hecho es que el conejo y la hada figuraban ya el la lista de prioridades en algunas galaxias. La visita del conejo y la hada a cada lugar del universo dejaba a su paso una sensación de bien estar indisoluble, muy pronto la pareja se dio cuenta de la importancia de ellos en el universo. Lo fantástico era que estos dos personajes, sin darse cuenta habían creado un universo perfecto para ellos... Nunca nadie los desmintió pues en su universo solo existían ellos dos.
¡Nuevamente el mago! De su sombrero sacó una sonrisa, la aventó al viento y antes de caer se desvaneció con el viento...



