viernes, 3 de septiembre de 2010

Creador de universos

¡El mago sonrió! De su sombrero sacó un conejo con alas moradas que no paraba de reír. Ese conejo había recorrido el universo, el universo le había dado al conejo gran experiencia intergaláctica, la misma que utilizaba para brincar de planeta en planeta. El conejo llegó a conocer gran parte del universo, en el se cruzó con grandes personajes, algunos se hicieron grandes amigos, alguna vez en PERONINA (Planeta verde) Conoció a la dama Azul y desde que la miro a los ojos, el conejo quedó encantado, en ellos podía ver la eternidad en un instante, la Dama Azul le obsequió un par de alas de color azul que después, al salir de PERONINA, justo al cruzar su atmósfera, se tiñeron de morado, esas alas lo acompañarían en su recorrido por las galaxias.

Pasaron muchos años galácticos antes de que el conejo de alas moradas conociera a su compañera de viaje, una hermosa hada dorada, mas pequeña que el, de ella se decía que, de la luz de su sonrisa las estrellas se alimentaban, bastaba una sonrisa para iluminar el universo, la hada dorada estaba encantada con las alas del conejo, decidió acompañarlo por siempre.

Juntos vencieron todos los obstáculos, no había nada que no pudieran conquistar juntos, parecía que el universo había sido creado para ellos.

Muy pronto se extendió en el universo el rumor de la pareja, comenzaron las historias, unas llenas de fantasías, otras tan reales como esta historia, lo que era un hecho es que el conejo y la hada figuraban ya el la lista de prioridades en algunas galaxias. La visita del conejo y la hada a cada lugar del universo dejaba a su paso una sensación de bien estar indisoluble, muy pronto la pareja se dio cuenta de la importancia de ellos en el universo. Lo fantástico era que estos dos personajes, sin darse cuenta habían creado un universo perfecto para ellos... Nunca nadie los desmintió pues en su universo solo existían ellos dos.

¡Nuevamente el mago! De su sombrero sacó una sonrisa, la aventó al viento y antes de caer se desvaneció con el viento...



¡Hablando se entiende la gente!

La voz como lenguaje y forma de expresión es la más utilizada por los humanos y en ella denotamos claramente lo que sentimos en el momento y en la forma en el que lo decimos... Un "Chinga tu madre" puede llegar a sonar muy chistoso si quien lo dice no quiere ofendernos, pero un "Idiota" puede sonar muy agresivo si la forma de decirlo cambia.

La manera de expresarnos ante los demás es significativa; cuando estamos felices, cuando estamos tristes, cuando hablamos con alguien que nos gusta y cuando discutimos los tonos son totalmente distintos...

Cuando estamos felices podemos gritar pero los gritos que damos no son tan molestos pues son muestra de una gran felicidad, cuando estamos tristes, no gritamos, hablamos distante, en voz baja tal cual nos sentimos, ensimismados en nuestros pensamientos, en nuestra tristeza. Cuando hablamos con alguien que nos gusta el tono es suave e interesado, en nuestro tono dejamos ver que esa persona nos agrada. Cuando discutimos, gritamos, y entre mas grita el otro, mas gritamos nosotros como si fuera un concurso, y es que todo viene de las "vísceras", del impulso, del mismo corazón... ¿Pero cual es la causa de que lo hagamos?... Cuando dos personas están enojadas, sus corazones se alejan mucho y para cubrir esa distancia deben gritar, para poder escucharse. Mientras más enojados están, más fuerte tendrán que gritar para escucharse uno a otro a través de esa gran distancia... ¿Qué sucede cuando dos personas se enamoran? Ellos no se gritan sino que se hablan suavemente... ¿Por qué? Porque sus corazones están muy cerca. La distancia entre ellos es muy pequeña. Y cuando se enamoran aún más, no hablan, sólo susurran y se acercan más en su amor. Finalmente no necesitan siquiera susurrar, sólo se miran y eso es todo... Cuando discutan no dejen que sus corazones se alejen, no digan palabras que los distancien más. Llegará un día en que la distancia sea tan grande que no encontrarán ya el camino de regreso.